Testimonio Nadia

Mi primer acercamiento al voluntariado intercultural fue como cronista. Interesada en el tema, a mediados de 2013 decidí asumir el papel de observadora objetiva y me puse a recopilar historias para luego plasmarlas en un documental.

La hipótesis que guiaba mi investigación, y cuya veracidad me proponía comprobar, era la idea de que este tipo de experiencias son transformadoras y representan una bisagra en la vida de quienes deciden llevarlas a cabo.

Fue así que conocí Subir al Sur y el flechazo fue instantáneo. El proyecto reunía las dos cosas que yo considero más apasionantes: el trabajo voluntario y viajar. Fueron ellos quienes me presentaron a los voluntarios para que pudiera entrevistarlos y un tiempo después me dieron la oportunidad de vivir más de cerca el voluntariado intercultural.

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Así fue como un 7 de mayo llegué a Croacia y por casualidad tuve una bienvenida de lujo. Mi llegada coincidió con la celebración de San Duje, patrono de Split, y la ciudad me recibió vestida de fiesta. Esa noche diferentes grupos musicales ofrecieron conciertos y se organizó una lotería multitudinaria en Riva, que es la rambla de Split. Miles de personas circularon por la callecitas de la ciudad celebrando y comprando los típicos utensilios de cocina de madera que se venden para esta fecha, como amuletos para la buena suerte.

La noche finalizó con un show de fuegos artificiales, que pude ver desde matejuska, una dársena en la que amarran las lanchas y suele ser el punto de reunión para los jóvenes. Con semejante espectáculo como escenografía, tuve mi primer encuentro con los voluntarios de Help. Catarina de Alemania, Lorena de España, Kelly de Escocia, Piero de Italia y Nícolas de Francia; me presentaban además a todos los amigos croatas que habían conocido desde que estaban en Split.

Al otro día fui a conocer las oficinas de Help y experimente la misma sensación que siento cada vez que estoy en la terraza de Subir al Sur. La comodidad de sentirme como en mi casa. Help es una ONG creada en 1991 para ayudar a los refugiados durante las invasiones serbias. Pero una vez finalizada la guerra se mantuvo abierta para la lucha contra el HIV. En sus oficinas se desarrollan paralelamente dos programas: Reducción de daños y el Centro de Información Juvenil.

La meta principal del primer programa es la prevención de la hepatitis y el HIV. Para conseguir esto se trabaja con poblaciones vulnerables, como personas que ejercen la prostitución y adictos a las drogas. Para reducir el riesgo de contagio se los provee de agujas y condones y se ofrecen análisis clínicos para el testeo de las enfermedades. Todo esto es acompañado además por fuertes campañas para concientizar a la población.

La primera vez que escuche sobre el servicio de proveeduría de agujas para adictos al uso de drogas por vía intravenosa, trate de imaginarme cómo vería esto la opinión pública en Argentina. Sospecho que sería un tema polémico y una gran cantidad de personas se opondría, arguyendo que esto fomentaría la drogadicción. Llegué a Split fascinada por saber cómo veían los croatas la implementación de este programa y me encontré con la sorpresa de que es también un tema controvertido para ellos. Sin embargo, más allá del debate, las estadísticas muestran que desde que se realiza este servicio el contagio de hepatitis y HIV se redujo considerablemente. Prueba suficiente para continuar con el programa. Me pregunto si en Argentina bastaría con la evidencia. ¿Apoyarían nuestros gobernantes proyectos eficientes, o demagógicamente y con fines electoralistas se inclinarían por lo que la opinión pública dijese?

El servicio de entrega de agujas nuevas que se realiza en Help no solo no fomenta la drogadicción, sino que trata de combatirla. En la oficina en la que se retiran las agujas, en una cartelera se ofrece toda la información sobre las distintas clínicas y centros especializados para tratar la enfermedad. Y si el adicto lo solicita, Help se compromete a encontrarle en menos de 48 horas, un lugar para tratarse.

El centro de información juvenil es el otro programa que se desarrolla en Help. A través de la educación no formal se trata de estimular a la juventud para que tenga mayor compromiso y desempeñen un rol más activo en la sociedad. Estudiantes secundarios y jóvenes universitarios participan del voluntariado. Es sobre la base de este programa que, a través de los SVE (servicio de voluntariado europeo) o EVS, sus siglas en inglés; los voluntarios extranjeros ofrecen clases de sus idiomas nativos en las oficinas de Help para fomentar la interculturalidad, una actitud frente al encuentro de culturas que va más allá del mero respeto por las diferencias y pone el foco en la integración.

No puedo dejar de destacar que veo con profundo optimismo, el hecho de que una organización nacida para proteger a los refugiados de una guerra, surgida en parte por el choque de culturas diferentes, que peleaban por tener su nación e imponerse sobre el resto; trabaje hoy en la integración cultural. Creo que es un triunfo de la razón sobre el odio, y habla de la madurez de este pueblo para rever una historia muy reciente.

Pero definitivamente la actividad más divertida, también orientada a promover la integración, es la noche intercultural. Un encuentro organizado por los voluntarios para compartir las costumbres, música y comidas tradicionales de sus países. También están invitados al evento los alumnos de los voluntarios, lo que es realmente interesante, ya que esta resulta ser una ocasión ideal para practicar y poner a prueba lo aprendido. ¿En cuántos institutos de idioma los alumnos podrían tener esta oportunidad? La módica suma que ellos pagan por aprender idiomas es un precio simbólico que sirve para cubrir los gastos de materiales para las clases. Help recibe subsidios de la Unión Europea, los Ministerios de Educación y Salud, el municipio de Dalmatia, e inclusive recibe aportes de empresas privadas. Para ellos las clases no son una forma de financiación, ya que Help es una organización sin fines de lucro, sino que se trata de un servicio que los voluntarios ofrecen a la comunidad.

A su vez los voluntarios asisten a clases de croata, para facilitar su estadía en Split.

Katharina, voluntaria alemana, cuenta que la sorprendió la cantidad de gente que quería aprender su idioma natal. Actualmente tiene 4 cursos y está encantada con su trabajo: “ Si alguien viniese a ofrecerme 1 millón de dólares para que renuncie a mi trabajo en el voluntariado, no lo haría.”

Pierluigi también está convencido de que esta es una de las experiencias más enriquecedoras que le tocó vivir: “Conocer a personas de distintos lugares es una forma de crecer, no sólo en la profesión, sino como ser humano”

Ryszard Kapuscinski, periodista polaco que recorrió el mundo como corresponsal, decía: “Existe una conexión entre nuestro destino personal y la presencia de miles de personas y cosas de cuya existencia no sabemos nada y que influyen en nuestra vida y su desarrollo”.

Estos intercambios les enseñan a los jóvenes a pensar como ciudadanos del mundo y tener conciencia de esa conexión que menciona Kapuscinski.

Creo que conocer y experimentar la enormidad y la diversidad de nuestro mundo, nos enseña también a ser humildes. Los viajes te enseñan que la única forma de conocernos a nosotros mismos y conocer nuestra propia cultura, es a través del conocimiento de otras sociedades. Porque cuando nos ponemos en contacto con una cultura diferente, comenzamos a tomar conciencia de nuestras costumbres adquiridas. Desarrollamos una conciencia crítica, capaz de cuestionar y cuestionarse. Así como el tiempo nos permite ver las situaciones en perspectiva, el viaje nos ofrece la perspectiva del espacio.

Un aspecto clave del diálogo intercultural, es que no existen culturas estáticas. La cultura es dinámica por definición. Cambia en el proceso de adaptación a nuevas situaciones. Y parecería que a nivel individual, los voluntarios también experimentan profundos y positivos cambios.

Katharina, por ejemplo, asegura que se siente más independiente y segura de sí misma, desde que llegó a Split.

Kelly, de Escocia, dice que el estar con personas de otros lugares la ayudó a ver las cosas desde otra perspectiva y le permitió tener una mente más abierta.

Personalmente, y aunque solo haya estado en Split por 21 días, me llevo una palabra, que más que palabra es un estilo de vida. La palabra es Polako y significa despacio. Ya me veo repitiéndola para mis adentros y acordándome de la gente maravillosa que conocí en Help, cada vez que en Buenos Aires me gane la ansiedad y la ciudad me empuje a vivir a su ritmo. Porque mientras que en las grandes ciudades se corre por inercia, se corre para llegar a ninguna parte; Polako es disfrutar el camino.

Gracias Subir al Sur y Help por permitirme transitar este camino y ser parte de esta experiencia inolvidable.

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